Pensar, hablar y practicar la democracia no es algo sencillo, es complejo y requiere conocimientos empíricos, teóricos, históricos y filosóficos. La dificultad mayor comienza cuando los funcionarios electorales se percatan de que son profesionales especializados en leyes y prácticas de procedimientos institucionales correspondientes a la democracia; sin que necesariamente la ciudadanía y los partidos políticos tengan ese mismo grado de conocimiento y especialización sobre la democracia. En otros términos, dichos actores tienen ideas o intereses diferentes respecto de la democracia, por tal motivo, el proceso de atención no es monolítico, unidireccional y menos estático.
Como sociedad, tenemos relaciones de convivencia democrática desiguales, derivadas de las distintas formas de entender, pensar, conocer o de interesarse por la democracia como forma de gobierno. Podemos afirmar que la forma de gobernar determina la forma de convivencia entre las personas, por ello, es necesario resaltar que para practicar la forma de gobierno democrática es necesario conocer ideas básicas sobre sus procedimientos.
Parte de la función electoral consiste en proveer a la ciudadanía y a los partidos políticos, las herramientas para entender y practicar de mejor manera el gobierno democrático. Dicho de otra manera, la atención a los usuarios (ciudadanía y partidos políticos) inicia por acompañarlos en la práctica y ejercicio de la democracia.
Por las premisas señaladas anteriormente, podemos concluir que, la práctica de la democracia es un problema continuo que requiere enfrentar diversas situaciones complejas, por ejemplo:
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Circunstancias que se presentan en el proceso de atención ciudadana y de atención a los partidos políticos
Como ya dijimos, la democracia es una forma de gobierno que implica relaciones sociales en un marco de reconocimiento a las diferentes formas de pensar y a distintos intereses de los actores. Para poder convivir en colectivo, es necesario que de manera continua se estén consensando decisiones, las cuales surgen a partir de la opinión y la participación de los involucrados. En el ejercicio de la democracia nadie puede decidir por sí solo o imponer su voluntad sin consultar a los demás, todos son proyectos colectivos que atañen a todos.
Señalar las características de la convivencia entre personas distintas y con pensamientos diferentes es sencillo, la dificultad estriba en practicar ese tipo de convivencia. Lo primero que hay que dejar en claro es que vivir en democracia supone estar confrontados con otros de manera permanentemente, es decir, implica conflictuarnos con los demás.
Tener conflictos y estar confrontados con los demás no es un asunto anómalo, es normal y obedece a nuestra propia naturaleza, la cual consiste en que las personas tienen necesidades individuales y colectivas al mismo tiempo; incluso es posible afirmar que tenemos conflictos con nosotros mismos como personas. Luego entonces, el conflicto y la confrontación son cosas comunes en un contexto democrático.
No sería posible enumerar y enlistar todos los conflictos que se nos presentan. Pero sabemos que las problemáticas abarcan desde la vida familiar hasta el gobierno.
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La democracia busca generar relaciones humanas de convivencia pacífica, respeto y cooperación, lo cual no significa que este tipo de relaciones elimine la existencia de problemas y enfrentamientos; eso no se puede extinguir, son condiciones que caracterizan a las personas. Luego entonces, si la paz, el respeto y la cooperación, no eliminan la confrontación y los problemas ¿qué utilidad tienen estas como parte del proceso democrático?
La utilidad de un contexto democrático, donde exista un ambiente colectivo de paz, respeto y cooperación, radica en la necesidad que tienen las personas de cuidar su integridad, de tener seguridad en un amplio sentido, de evitar la violencia, de elegir a sus gobernantes, evitar imposiciones y autoritarismo, gozar de libertad y tener la posibilidad de asociarse con otros, para enfrentar los problemas y participar en los proyectos y decisiones del gobierno.
Es importante considerar que, administrar las confrontaciones y problemáticas no significa que las resoluciones adoptadas sean permanentes o unidimensionales; por el contrario, generan nuevas problemáticas, son multifactoriales y temporales; dicho de otra forma, son dinámicas y necesitan cambiar con el tiempo.
Practicar la forma de gobierno democrática, requiere esfuerzos, aprendizajes, desgaste y disposición; en este aspecto, podemos concluir que vivir en democracia es vivir en relaciones sociales en permanente conflicto, los cuales se abordan a través de reglas e instituciones que promueven una resolución y toma de decisiones en entornos pacíficos, de respeto y cooperación; luego entonces, ¿cómo podemos entender el proceso de atención a la ciudadanía y a los partidos políticos en una democracia?
La respuesta es que la atención a la ciudadanía y a los partidos políticos es un problema en sí mismo. Para abordar dicha problemática planteada se tienen que considerar al menos dos cosas fundamentales:
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Las necesidades generales de los actores sociales sientan las bases del pacto democrático, el cual cobra sentido en la práctica cuando se identifica la necesidad colectiva en el contexto del rol de los actores dentro del sistema.
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